Habíamos ido por un trago y una buena charla. Hacía meses que no nos veíamos, pero chateábamos a ratos sobre la vida y nuestros proyectos.
Entrada la noche, cuando ya era tarde decidimos finalizar y te fui a dejar a casa. Y tú partías al día siguiente de viaje.
Llegamos a tu casa alrededor de las 3:30 de la mañana, nos despedimos cariñosamente, besos en las mejillas, abrazos apretados.
Durante toda la conversación miraba atentamente tus labios y tus ojos, hacía tiempo que quería besarlos.
Antes de dejarte ir, te tomé de la cintura con una mano, te acerqué a mi. Subí tus anteojos e hice lo mismo con los míos. Me acerqué lentamente, entre nerviosismos murmuré un -permiso- y acerqué nuestros labios.
Nos besamos suavemente.
De pronto nos separamos, la tibieza de nuestros alientos se mezcló.
Dos segundos que parecieron una eternidad nos demoramos en abrir los ojos y encontrarnos en una intranquila mirada.
-Lo siento, tenía que hacerlo- murmuré.
Solo me miras, das media vuelta y empiezas a abrir la puerta.
-Adiós- digo mientras doy media vuelta para irme.
Alcanzo a dar un paso cuando siento que tomas mi brazo, y me halas hacia ti.
Nos encontramos en un beso más intenso que el anterior, más atrevido, donde nuestros labios y lenguas se entrelazan maravillosamente.
Me es imposible no sujetar nuevamente tu cintura.
Te pegas aún más a mi cuerpo, abrazándome por sobre el cuello, jugando con mi pelo, al tiempo que te sujeto mas firmemente.
-¿Dónde crees que vas?- dices pausando nuestro beso.
No alcanzo a responder, cuando me vuelves a besar. A estas alturas los besos perdieron todo tipo de ternura y al parecer nos sobraba la ropa.
Entre empujones, choques y pateando cosas, logramos entrar.
La desesperación nos invade, claramente no llegaremos al dormitorio. Empezamos a desnudarnos mutuamente ahí en la sala, abres frenéticamente mi cierre, mientras yo desabrocho tu sostén.
Cae mi ropa y lo hace la tuya. Nos encontramos desnudos en medio de un silencio solo opacado por el sonido de nuestra piel, y de nuestros gemidos.
Caigo sobre ti en el sillón, mientras nos besamos alocadamente.
Ahora es nuestra piel la que acaricia mientras nos sujetamos, abres ligeramente tus piernas para abrazarme, y dejar que nuestras formas se acaricien. Siento tu excitación abrazar la mía.
Nuestros bruscos movimientos van cesando, nos miramos y susurras.
-Suave- con una dulce mirada.
Sonrío, miro tus ojos y tu boca. Y nos quedamos un instante solo mirándonos, siguiendo el suave vaivén de nuestros cuerpos mientras se abrazan.
-Tranquila, yo me encargo- digo mientras me pierdo en tu cuello, lo beso despacio, a veces solo con el roce de mis labios.
-¿Sigo?-
-Sigue- respondes.
Continuo hacia la parte alta de tu pecho, echas tu cabeza hacia atrás. Bajo y me encuentro con tus erectos y aromáticos senos. Los que agasajo con delicadeza, rozándolos con los labios, la punta de la lengua. A veces los devoro sutilmente. Me paseo por la totalidad de ellos, su base, sus lados, sus contornos, pero siempre termino mi paseo en tus salientes.
Luego me voy a tu abdomen, te recorro en dirección al ombligo, y a veces me desvío hacia tus costillas. Una de mis manos acompaña mi andar frotando el sendero entre tus costillas y tu cadera.
Mis besos me llevan a encontrarme con tu ombligo, el que te produce un delicioso cosquilleo y tú primer gemido, no sé si de risa o de placer. Prosigo por donde anteriormente había una braga, esa fina linea que se marca en la cintura, la sigo hasta llegar a tus caderas, y bajar lentamente por tu pierna.
Me muevo hacia el interior del muslo, y empiezo a devolverme.
Sientes mi aliento cercano a tu placer. En la oscuridad, logro distinguir tus formas con la luz cenital del poste de afuera.
Me acerco lentamente, haciéndote sentir cada vez mas cerca mi aliento tibio. Saco mi lengua y te separo, recorriendo tu cauce desde tu entrada hacia tu timidez.
Tu cuerpo hace su primer impulso.
Jugueteo con tu botón con la mayor de las delicadezas, mimándolo como mi juguete nuevo. Abrazas mi cabeza entre tus piernas, intentando guiar mis movimientos con los tuyos. Siento que sujetas mi cabeza con tus manos, y la oscilación de tu cuerpo es mas fuerte. Sujeto tus caderas mientras prosigo con mi misión. comerte de manera exquisita.
De pronto, te detienes, en un concierto de ahogados gemidos.
Antes que logres calmarte, devuelvo mis pasos hacia tu boca. Para mirarte mientras relajas tu orgasmo.
Aún agitada, abres tus ojos, sonriente y pícara dices:
-Sigue, pero ahora quédate aquí-
-¿Quieres?- pregunto.
-Suave-
Y arremeto.