En ocasiones en que imaginar no basta se plasman en pícaras y a veces osadas palabras lo que las sensaciones no permiten. La misión del Payaso Erotico es sacar una sonrisa, pícara, desvergonzada y sensual.

Ideas que divagan por la cabeza de este hipertérmico personaje, adorador de los preámbulos y de los momentos extensos.

Entre palabras e imágenes mentales se pierde con su pluma y su croquera invocando a la fantasía para traerselas como cuentos.

lunes 13 de febrero de 2012

Todo empieza con mi mano y tu cintura.

Habíamos ido por un trago y una buena charla. Hacía meses que no nos veíamos, pero chateábamos a ratos sobre la vida y nuestros proyectos.

Entrada la noche, cuando ya era tarde decidimos finalizar y te fui a dejar a casa. Y tú partías al día siguiente de viaje.

Llegamos a tu casa alrededor de las 3:30 de la mañana, nos despedimos cariñosamente, besos en las mejillas, abrazos apretados.

Durante toda la conversación miraba atentamente tus labios y tus ojos, hacía tiempo que quería besarlos.

Antes de dejarte ir, te tomé de la cintura con una mano, te acerqué a mi. Subí tus anteojos e hice lo mismo con los míos. Me acerqué lentamente, entre nerviosismos murmuré un -permiso- y acerqué nuestros labios.

Nos besamos suavemente.

De pronto nos separamos, la tibieza de nuestros alientos se mezcló.

Dos segundos que parecieron una eternidad nos demoramos en abrir los ojos y encontrarnos en una intranquila mirada.

-Lo siento, tenía que hacerlo- murmuré.

Solo me miras, das media vuelta y empiezas a abrir la puerta.

-Adiós- digo mientras doy media vuelta para irme.

Alcanzo a dar un paso cuando siento que tomas mi brazo, y me halas hacia ti.

Nos encontramos en un beso más intenso que el anterior, más atrevido, donde nuestros labios y lenguas se entrelazan maravillosamente.

Me es imposible no sujetar nuevamente tu cintura.

Te pegas aún más a mi cuerpo, abrazándome por sobre el cuello, jugando con mi pelo, al tiempo que te sujeto mas firmemente.

-¿Dónde crees que vas?- dices pausando nuestro beso.

No alcanzo a responder, cuando me vuelves a besar. A estas alturas los besos perdieron todo tipo de ternura y al parecer nos sobraba la ropa.

Entre empujones, choques y pateando cosas, logramos entrar.

La desesperación nos invade, claramente no llegaremos al dormitorio. Empezamos a desnudarnos mutuamente ahí en la sala, abres frenéticamente mi cierre, mientras yo desabrocho tu sostén.

Cae mi ropa y lo hace la tuya. Nos encontramos desnudos en medio de un silencio solo opacado por el sonido de nuestra piel, y de nuestros gemidos.

Caigo sobre ti en el sillón, mientras nos besamos alocadamente.

Ahora es nuestra piel la que acaricia mientras nos sujetamos, abres ligeramente tus piernas para abrazarme, y dejar que nuestras formas se acaricien. Siento tu excitación abrazar la mía.

Nuestros bruscos movimientos van cesando, nos miramos y susurras.

-Suave- con una dulce mirada.

Sonrío, miro tus ojos y tu boca. Y nos quedamos un instante solo mirándonos, siguiendo el suave vaivén de nuestros cuerpos mientras se abrazan.

-Tranquila, yo me encargo- digo mientras me pierdo en tu cuello, lo beso despacio, a veces solo con el roce de mis labios.

-¿Sigo?-
-Sigue- respondes.

Continuo hacia la parte alta de tu pecho, echas tu cabeza hacia atrás. Bajo y me encuentro con tus erectos y aromáticos senos. Los que agasajo con delicadeza, rozándolos con los labios, la punta de la lengua. A veces los devoro sutilmente. Me paseo por la totalidad de ellos, su base, sus lados, sus contornos, pero siempre termino mi paseo en tus salientes.

Luego me voy a tu abdomen, te recorro en dirección al ombligo, y a veces me desvío hacia tus costillas. Una de mis manos acompaña mi andar frotando el sendero entre tus costillas y tu cadera.

Mis besos me llevan a encontrarme con tu ombligo, el que te produce un delicioso cosquilleo y tú primer gemido, no sé si de risa o de placer. Prosigo por donde anteriormente había una braga, esa fina linea que se marca en la cintura, la sigo hasta llegar a tus caderas, y bajar lentamente por tu pierna.

Me muevo hacia el interior del muslo, y empiezo a devolverme.

Sientes mi aliento cercano a tu placer. En la oscuridad, logro distinguir tus formas con la luz cenital del poste de afuera.

Me acerco lentamente, haciéndote sentir cada vez mas cerca mi aliento tibio. Saco mi lengua y te separo, recorriendo tu cauce desde tu entrada hacia tu timidez.

Tu cuerpo hace su primer impulso.

Jugueteo con tu botón con la mayor de las delicadezas, mimándolo como mi juguete nuevo. Abrazas mi cabeza entre tus piernas, intentando guiar mis movimientos con los tuyos. Siento que sujetas mi cabeza con tus manos, y la oscilación de tu cuerpo es mas fuerte. Sujeto tus caderas mientras prosigo con mi misión. comerte de manera exquisita.

De pronto, te detienes, en un concierto de ahogados gemidos.

Antes que logres calmarte, devuelvo mis pasos hacia tu boca. Para mirarte mientras relajas tu orgasmo.

Aún agitada, abres tus ojos, sonriente y pícara dices:

-Sigue, pero ahora quédate aquí-
-¿Quieres?- pregunto.
-Suave-

Y arremeto.

viernes 10 de febrero de 2012

Feliz cumpleaños

Veo el reloj antes de entrar, ya son pasadas las 2 de la mañana. La reunión estuvo mas larga de lo pensado, todo sea por la urgencia del proyecto.

Entro silencioso a la habitación, para encontrarme con tu silueta recostada. Alumbrada tan solo por la luz de la noche y por los reflejos de las transitadas calles. Te ves exquisita.

Puedo notar que solo traes un hotpant, al parecer el púrpura, mi favorito. Acostada sobre la cama boca abajo, con una pierna semi-recogida, abrazando una almohada. Al parecer el calor de esta ciudad te obliga a dormir destapada.

Esta noche era la celebración de tu cumpleaños, y este maldito proyecto me impidió llegar a la hora.

Siento este incontrolable deseo de acariciar tu piel, de reconocer tus contornos y tus formas, de saborear tu piel y tus aromas.

Me acerco a ti, y poso un par de dedos sobre tu talón. A medida que camino al lado de la cama, mi dedos recorren lentamente y solo rozando tu pantorrilla, sigo subiendo lentamente pasando por el reverso de tu rodilla. Aunque duermes, empiezas a moverte, creo que algo sientes. Subo ahora por tus muslos hasta encontrarme con la frontera de tu pierna y tus formas.

Paseando por mi placer culpable, me es imposible no dibujar cada uno de los infinitos diseños de tu única vestimenta. Resistiendo la tentación de hacer aún mas evidentes mis caricias, inicio mi recorrido.

Empiezo a rozar tu espalda, desde el inicio, lentamente me paseo en dirección a tus caderas, luego subo por tus costillas para volver al centro de este hermoso camino. Casi alcanzo el inicio de tu cuello. Me desvío hacia tu hombro, tu brazo, tu mano.

Me separo solo un instante, con sumo cuidado retiro el pelo de tu rostro para admirarte un rato, rozar delicadamente tu mentón, tus labios, tu oreja y tu pómulo.

Me meto a la cama, y me acerco despacio a ti. Pongo mi mano en tu cadera, que es la señal con la que por reflejo siempre te acercas para dormir. Y así fue. Pegaste tu cuerpo al mio y llevaste mi mano hacia tu abdomen.

Pensé que sería una noche tranquila.

Pero de pronto siento tu mano recorrer mi cintura, como buscando el elástico de mi boxer, al parecer notas que decidí acostarme desnudo. Tu recorrido sigue hasta encontrarse conmigo, lo que te saca un suspiro de sorpresa.

Te giras lo suficiente para mirarme de reojo, mientras me sujetas y en la escasa luz de la noche distingo tu mirada juguetona, mientras dices:

- Al fin llegaste -

Te giras de pronto, sin soltarme sujetas mi cabeza con tu otra mano, y me besas desesperadamente. Sin duda me habías estado esperando.

Respondo a tu deseo acariciando tu espalda y tus contornos, mientras beso tu cuello, y cada una de las hendiduras y formas cercanas.

Puedo sentir tus volúmenes erectos contra mi pecho.

Acerco nuevamente tu boca a la mía, intercambiamos alientos, gemidos y jadeos. De pronto tus movimientos cesan, te pones tensa, cierras los ojos. Sueltas un delicioso y semi ahogado gemido.

Te miro sonriendo, mientras intentas recomponer tu respiración. Te acercas y me abrazas y nos encontramos en un suave y lento beso. Mis manos aún invaden tus caderas y las tuyas me abrazan para descansar tu orgasmo.

Te acercas a mi oído y dices:

-Quiero mas- mientras vuelves tu mirada a mi, y sonríes ligeramente mordiendo tu labio.
-¿Ahora?- pregunto.
-Si, ahora-

Hago el ademán de bajar ese pedazo de tela que no separa, tomas mi mano e insistes.

-Ahora, ya- dices con una mirada decidida.
-Como tu digas- digo mientras sonrío.

Solo me miras con intriga y sensualidad, esperando mi reacción a tu pedido.

En un acto de animalidad total, tomo tu hotpant y sin previo aviso, lo rasgo. Abres tus ojos y tu boca con sorpresa, pero distingo como se eriza tu piel y tu sorpresa pasa a ser excitación.

Abrazas mi cintura con una de tus piernas, invitándome a entrar.

-Hazlo- me exiges.

El ingreso es lento, pero hoy no estás para cosas lentas. Empiezas un movimiento frenético y delicioso, casi desesperado, y nos acompañamos en el intenso vaivén de nuestras caderas. Pegas tu cabeza a la mía, cierras los ojos y me dedicas los mas exquisitos gemidos. El orgasmo no tarda en llegar, te llenas de espasmos y jadeos incesantes.

-Gracias- me dices mientras jugamos al cíclope como diría Cortazar.
-De nada, buenas noches- mientras te beso.
-Nada de buenas noches- respondes mientras me giras para quedar sobre mi.

Definitivamente esta noche no serás mía, yo seré tuyo.

Feliz cumpleaños.





martes 31 de enero de 2012

Tu cuello y yo

Sentada te encuentro, frente al computador, de nuevo con el pelo tomado, los anteojos y tu trabajo. Es cierto, queda poco para que termines pero el cansancio se te nota estos días.

Me encanta ese vestido y esas calzas que modelan tan bien tus piernas.

Me acerco a ti y me paro detrás tuyo. En un principio no me sientes. Pongo mis manos sobre tus hombros para que sepas que llegué.

Te sobresaltas.

Puedo sentir el cansancio de tu espalda. Decido empezar con un ligero masaje. Acaricio delicadamente tus hombros, apretándolos con mis dedos, buscando que se relajen.

Me miras con cara de agradecimiento e intriga. Sabes que mis caricias nunca son inocentes.

Traigo mis manos hacia tu nuca, acaricio con mis pulgares la base de tu cuello y subo una a una tus vertebras. Masajeo los lados de tu cuello, detrás de tus orejas y vuelvo a la base.

Desde acá puedo ver la soltura con la que tu vestido me permite ver tu escote, y se me antoja visitarlas.

Sigues tecleando en el computador con mas holgura, te has empezado a relajar.

Mientras sigo con mi inocente masaje, acerco mi boca a tu oído.

-Rico- pregunto.
-Sí- dices con una sonrisa y los ojos cerrados.

-Permiso- te digo al oído mientras beso tu cuello y con mis manos corro las tiras de tu vestido hacia los lados.

El tecleo cesa. Tus manos caen sobre tu falda. Tus ojos se cierran y tu cabeza cae hacia atrás.

Tu vestido cae.

Muerdo suavemente uno de tus hombros y aparece tu primer suspiro.

Mis manos acompañan el caer de tu vestido. Y extiendo mi atención a tus brazos, y luego bajando por tu espalda.

Cambio de lado en tu cuello, para morderlo muy despacio y besarlo con más ganas.

Ahora mis manos recorren tus costillas, tus manos tensas empiezan a recoger el vestido.

Bajo aún más deslizando en su totalidad el vestido hacia tu cintura. Tus volúmenes erectos se ven hermosos desde aquí. En tu desesperación sujetas mis muñecas, y guías mis manos hacia tus pechos.

Los sujeto desde abajo, acariciando sus costados y acercándome lentamente hacia sus puntas. Tus areolas despiertas y erguidas juguetean con mis pulgares.

-¿Te gusta?- pregunto con una despiadada sonrisa.
-Si- respondes con otra sonrisa.





domingo 29 de enero de 2012

Una locura matutina.

Siempre me han gustado tus piernas, largas, al parecer interminables. Tu piel siempre me ha dado la impresión de una deliciosa suavidad.

Te descubro sentada en la cama, con el pelo tomado, lentes y la vista fija leyendo a Bolaños. Me siento a la altura de tus caderas, yaces semi estirada, descubierta parcialmente bajo ese tímido y casi etéreo vestido.

Acaricio uno de tus pies, mirándote fijamente esperando tu reacción. Deslizo mi mano por tu pantorrilla, suave y muy lentamente esperando el nerviosismo o la ansiedad se refleje en tu rostro.

Llego a tu rodilla y la aprieto suavemente, sin dejar de mirarte. Disimulada levantas la vista y vuelves rápidamente a tu libro.

Cambio de rodilla y vuelvo a deslizar la yema de mis dedos por tus pantorrillas, ida y vuelta, cambiando constantemente.

Puedo sentir como se tensa tu piel, empiezo a notar tu ansiedad. Parpadeas más seguido, tu boca no está quieta, tu respiración se agita, tus miradas aumentan.

Decido dejar de mirarte y concentrarme en tu piel, admirarla y acariciarla con mayor intensidad, viendo como reaccionan a mi atención.

Levantas tus rodillas, dejándolas mas cerca mio. De reojo noto que me miras nerviosa, juegas con tus labios.

En esta última caricia acerco mi boca y beso una, y tu indiferencia empieza a ceder.

Abres lentamente las piernas, la invitación está hecha. Sigues atenta mis movimientos. Me paseo ahora por tus extremidades mientras levanto indiscriminadamente tu falda para encontrarte desnuda.

Empiezo a besar tus muslos, mientras recorro en dirección a tus intimidades. Muerdo suavemente el interior de uno, mientras te miro. Bolaños y tus lentes están ahora en el velador.

Tus ojos se van cerrando mientras mi incursión se acerca cada vez más a tu humedad. Cruzamos miradas una última vez, antes de perderme bajo tu falda.


miércoles 2 de noviembre de 2011

Leyendo al Payaso Erótico

Sentí unos gemidos y suspiros que venían desde la habitación, llegué sin que lo notaras porque al parecer estabas ocupada.

Me asomo sigiloso para ver en que te entretenías.

La más agradable de las sorpresas fue verte acostada boca arriba, con tu mano perdida dentro de ese minúsculo pantalón corto, con su cierre abierto. Mientras con tu otra mano acariciabas tus pechos por sobre esa casi-transparente camiseta blanca.

A un lado tu notebook. Seguramente estuviste leyendo a ese Payaso de nuevo.

Puedo distinguir que te acercas a un orgasmo, por el frenesí con que te mueves, tus ojos cerrados y tu boca abierta. De pronto te paralizas, y te sueltas.

Entro en silencio y desnudo, retiro el notebook sin que lo notes. Aprovecho que tus piernas están aún semi-abiertas para iniciar mi odisea por tus piernas, besando desde las rodillas.

Te sobresaltas, me miras con sorpresa, y sonríes.

Me invitas sacando la mano de tu monte venusino, para que retire tu pantalón a gusto. Sorpresa la mía encontrarte sin ropa interior. Reconociendo el brillo de tu excitación en la humedad que se aloja en tu entrepierna.

Empiezo por besar tus rodillas, y entre caricias con mi lengua, suaves mordiscos y besos me acerco muy lentamente a tu pliegues.

Tus piernas se abren lentamente. Con tu mano separas tus filos para ofrecerme tu profundidad, y entre ellos se asoma tímido tu botón.

Me acerco lentamente, a estas alturas ya puedes sentir la tibieza de mi aliento. Retiro tus manos con las mías.

Deslizo suavemente mi lengua buscando indagar en tus comisuras, con el grosor de mi lengua separo tus formas para acariciar delicadamente tu clítoris.

Primero en círculos, acariciando su base, luego suavemente con la punta de mi lengua acaricio su punta. Entre movimientos te recorro completa, a veces aproximándome a la entrada de tu cuerpo, a veces mordiendo suavemente el interior de tus piernas.

Entre círculos y presiones con la parte mas amplia de mi lengua, lo encierro entre mis labios para succionarlo suavemente, liberarlo y soplarlo levemente.

En momentos de más animalidad, mordisqueo muy suavemente tus labios, y mi lengua más curiosa se atreve a ingresar, recorrer mientras te penetra.

La mezcla tibia de nuestras aguas escurre por tus pliegues, humedeciendo partes que aún no han sido visitadas.

Me miras por encima de tus volúmenes exigiendo mi presencia, ahora beso tu monte, me pierdo un rato en tu ombligo y en tu abdomen. Después me encuentro con tus formas erectas. Las ignoro temporalmente pues me aproximo a tu boca.

Tu clítoris te anuncia la dureza de mi humanidad.

Aún sin penetrarte, sabes que es todo tuyo.


miércoles 14 de septiembre de 2011

Entre Sabanas II

El día estaba nublado, lloviznaba suavemente y la temperatura era baja. Entre las sábanas nos acompañabamos.

Despertamos, nos miramos y mi mano inmediatamente invade tu cadera, acariciándola y apretándola con fuerza. El movimiento de tu pelvis me invita a invadir tu abdomen donde me paseo solo con la yema de los dedos, suavemente. Coqueteo con tus bragas, rozando esa linea que divide la suavidad de la fascinación.

Tus ojos se cierran, tus manos se aferran a las sábanas, levantas tu monte exigiendo caricias y mi mano te invade.

Separas tus piernas para que te recorra con facilidad, separando tus pliegues, reconociendo tus formas, impregnándome de tu humedad y despertando tu punto.

Tus movimientos se hacen mas bruscos y te abres más, tu respiración pasa de entrecortada a jadeos.

Con tus manos buscas controlarme, pero te detengo y las sujeto sobre tu cabeza. Ahora eres mía, mi mano entre tus piernas abiertas.

Te obligo a cerrar los ojos, y te hablo al oído entre mordiscos.

Mis dedos se deslizan con facilidad hacia tu interior y no pasa mucho tiempo para que desfallezcas.

Te miro y te invito.

Te desnudas.

Me desnudas.

Te subes sobre mi para rozarnos, para que mis formas se rocen con las tuyas. Te sientas sobre mi y sigues moviéndote, mientras, tomo tus manos y las amarro por detrás de tu espalda. Ya sabes lo que viene.

Te traigo hacia mi muy despacio, para besarte suavemente mientras te tapo los ojos con una venda.

Me deslizo entre tus piernas para que me montes, pero esta vez no lo de siempre, sino que te ofrezco mi lengua.

Serpenteo con mi lengua entre tus comisuras, recorriendo el largo de tus humedades, rozando tu agujero, tu protuberancia.

Te sujeto de las caderas para detener tus vaivenes, y dejes que sea yo el que me fascine paseándome por tus pieles. Siento como controlas no moverte, pero las aguas me indican que se aproxima.

Sujeto tu cuello, y te permito moverte. Saco mi lengua para que la uses a tu gusto, abrazándola con tus labios, saludándola con tus volúmenes, mojándola con tus aromas.

El descontrol se apodera de tus movimientos, y me apretas entre espasmos.

¿Quieres más?

viernes 2 de septiembre de 2011

Un pilar

Siempre encontré extraño que el living de tu casa tuviera un pilar en medio de el, pero finalmente comprobé lo útil que es.

Te paraste de espalda a él, apoyando tu cuerpo y tus brazos sobre tu cabeza, me miraste, sonreíste y era clara la invitación. Me acerqué con la misma sonrisa, mirada profunda, la que te avisa lo que se viene.

Me acerco a ti y te aprieto contra nuestro nuevo lugar de encuentro y nos fundimos en un delicioso beso mientras mis manos te sujetan firme de la cintura y me pego a tu cuerpo.

Nuestros cuerpos empiezan a contornearse al unísono, la luz está apagada así que poco nos distinguimos en la oscuridad pero el calor de nuestros cuerpos, tu respiración, jadeos, y sonidos deliciosos basta para reconocerte.

Levanto ligeramente tu camiseta, para acariciar tu abdomen. y luego desabrocho tu pantalón y sin sacarlo, inicio mi incursión dentro de tu ropa interior. Empiezo por esa hermosa linea que separa tu interior, de tu abdomen. Deslizo suavemente mi mano dentro de tus suaves pantaletas, y empiezo a descubrir tus formas.

Me encuentro con la humedad de tu entrepierna y recorro tus pliegues con mis dedos, acaricio suavemente tu clítoris con mi dedo medio. Tus jadeos aumentan y bajas tus brazos para sujetarte de mis hombros y con tu otra mano incursionas por mi abdomen y copias mi maniobra.

Puedo sentir como me desabrochas el cinturón, sueltas el botón y bajas mi cierre. Luego tu mano se pierde entre mi boxer y mi piel.

Me sujetas firmemente y escucho un gemido cuando me encuentras. Me recorres suave en un principio, pero a medida que te me entretengo con tu clítoris tus movimientos se hacen mas fuertes.

Pegamos nuestras mejillas, para escuchar tus gemidos y para escuchar mis palabras. Acaricio tu clitoris entre mis dedos medio y anular, recorriendolo a lo largo y casualmente acariciando la entrada de tu cuerpo.

Te desesperas.

Bajo tu pantalón, para que quedes desnuda, y tener un mejor acceso a tu cuerpo. Te digo al oído que quiero perderme entre tus pliegues y besar tu hendidura, pero en vez de eso, mueves frenéticamente tu pelvis. Ante esto, te penetro despacio con los mismos dos dedos, y para no abandonar tu delicioso clítoris lo masajeo suavemente con mi dedo pulgar.

Tus gemidos aumentan progresivamente, te aprietas contra mi cuerpo y pareces inundada. Mis dedos juegan deliciosamente con tu interior, cada vez más profundos y rápidos, mientras mi pulgar dibuja círculos alrededor de tu clítoris.

De pronto te tensas, las caricias a mi falo cesan, mis dedos son atrapados, ahogas un grito en mi hombro y te deshaces en un delicioso orgasmo.

Aún de pie, sacas mi mano de tu entrepierna y bajas mi pantalón. Te paras de espalda a mi, con tus brazos sobre tu cabeza, sujetándote de nuestro nuevo lugar. Me miras de reojo y me invitas, levantando tu cola.

Te penetro ahora con fuerza, a lo que respondes con un suspiro exquisito. Nuestros movimientos no tienen nada de delicados, son acelerados. Siento como tu cuerpo ansía un segundo orgasmo. Nos contorneamos en movimientos circulares, a veces más profundos, a veces más rápido. De pronto me detengo, y te susurro al oído que te quedes quieta, que solo sientas como ingreso en tu cuerpo.

Me introduzco entre tus labios y sientes como abrazan mi hombría, al tiempo siento como intentas no moverte, mientras te aliento a no hacerlo.

Después de un rato te autorizo, si, aquí mando yo así que te doy permiso para moverte. Explotas en un desesperado vaivén.

Y te pierdes nuevamente.